Arcángel san Sealtiel

Anónimo

Óleo sobre tela

129 x 90 cm

Siglo XVII

 

En la tradición cristiana, los relatos de ángeles surgen en textos canónicos del Antiguo y el Nuevo Testamento y en algunas fuentes apócrifas. Así, libros como El libro de Enoch, El Evangelio de Bartolomé o El Apocalipsis de Pedro dan nombre y establecen las funciones de al menos diecisiete ángeles. Durante la Edad Media, la naturaleza de los ángeles se discutió a partir de gran diversidad de fuentes judías, asirias y cabalísticas, entre otras.

Este es el caso de Sealtiel que, según algunas tradiciones de los rabinos judíos, tenía como función ordenar los siete cielos y planetas que, de acuerdo con la doctrina hebrea, componen el universo. En cambio, para las tradiciones apócrifas, su función es la de ser el mensajero de las oraciones de los creyentes. Esta razón explica por qué su atributo principal es el acto de la oración, representado mediante diferentes símbolos: un papel en el que está escrita la plegaria, sus manos en posición orante o un incensario.

En el óleo del Museo Santa Clara, Sealtiel Arcángel aparece representado en postura frontal y estática, idea que se vería reforzada por la falta de movimiento en la túnica verde que cae por su espalda. La quietud permite enfocar la atención tanto en la mano derecha de Sealtiel, que ofrece un papel a Dios —representado aquí por el color dorado que fulge en el borde superior del lienzo— como en su rostro, especialmente en sus ojos alzados hacia el cielo. Esta fórmula representa el momento de éxtasis, es decir, el instante en el que una persona, mediante el ejercicio de la oración, entra en contacto con Dios y lo contempla.