Santa Úrsula

Nicolás Cabrera

Óleo sobre tela

113 x 58 x 50 cm

Siglo XIX

 

Según la Leyenda Dorada de Santiago de la Vorágine, libro que recopila relatos sobre la vida de algunos santos y santas, Úrsula fue una mártir del siglo V e. c. Hija del rey de Bretaña, y pese a su anhelo de mantener intacta su virginidad, Úrsula fue prometida en matrimonio al príncipe Conan, hijo pagano del rey de Inglaterra. Para consumar la unión, la santa determinó que su prometido debía convertirse al cristianismo, acompañarla durante tres años a una peregrinación a lo largo de Europa y tener una comitiva de diez vírgenes que a su vez estarían acompañadas por mil doncellas.

La primera ciudad visitada por la santa fue Colonia, en Alemania, donde un ángel le dio a saber que allí recibiría su martirio. Después viajó a Roma. Allí convenció al papa Ciriaco de dejar temporalmente el trono para acompañarla nuevamente a la ciudad del Rin. Para el momento de su regreso a Colonia junto a sus diez mil compañeras, la ciudad alemana se encontraba sitiada por los hunos. Los guerreros de esta tribu nómada atacaron con flechas a las vírgenes que acompañaban a Úrsula, mientras que esta, dada su belleza, fue capturada por Atila, comandante del ejército, quien la solicitó en matrimonio. Al rechazar la propuesta, la santa fue asesinada por el general, quien disparó contra su pecho una lluvia de flechas.

La vida de santa Úrsula no fue vista como una historia verídica sino, más bien, como una leyenda piadosa, es decir, como una recopilación de hechos en los que la historicidad pasa a un segundo plano, destacándose, en cambio, los valores cristianos y morales simbolizados por los protagonistas. Así, de la mártir se enfatizan el voto de virginidad, la obediencia y el sacrificio en nombre de la fe, valores que se encarnan en su imagen como modelos a seguir.

El culto a esta santa, junto al de santa Catalina de Alejandría y santa Bárbara, fue muy popular durante el periodo colonial, pues estas mujeres eran vistas como modelos de virtud, obediencia y sacrificio, características del ideal de sujeto colonial virtuoso. Esta valoración fue tan alta, que permitió la supervivencia del culto a santa Úrsula a lo largo del siglo XIX. Así, imágenes devocionales de esta santa fueron comunes durante este periodo. Un ejemplo puede apreciarse en esta obra, compuesta por el pintor decimonónico Nicolás Cabrera. Este óleo, con su marcado lenguaje academicista y la manera naturalista, casi realista, de componer el retrato —rasgos propios del arte del diecinueve—, representa a la santa manteniendo vigentes las fórmulas de la iconografía colonial, es decir: la corona, símbolo de la nobleza de la santa; el vestido de princesa; la palma del martirio, emblema de su muerte en defensa de la fe, y el estandarte blanco. Dicho en otras palabras, el lenguaje formal de la obra se renovó con el cambio de siglo y de escuelas pictóricas, mas no su significación cultural y las asociaciones políticas, morales y sociales que el culto a este tipo de figuras podía tener en la formación de ciudadanos virtuosos, especialmente, de mujeres.

 

Para conocer más sobre las continuidades de la pintura colonial en el siglo XIX ven y conoce la exposición temporal Tradición en la Revolución: De la Colonia a la República en exhibición hasta el 23 de febrero de 2020.