Incensario
Anónimo
Plata laminada y cincelada
79 X 125 cm
Siglo XVIII

Durante el periodo colonial, los diferentes elementos que componían los ajuares litúrgicos de las iglesias se elaboraban en plata y otros materiales preciosos debido a que, para la mentalidad de la época, gracias al uso de estas materias primas se enriquecía y materializaba la divinidad. La plata y el oro no tenían solo un valor material, sino también uno simbólico y espiritual. Ejemplo de lo anterior son los incensarios. Este tipo de piezas servían para quemar el incienso que se utiliza en los diversos ritos del culto católico; simbólicamente, estas piezas representan las plegarias que el corazón humano eleva a Dios. El uso religioso de esta resina no es exclusivo del cristianismo, pues en otras creencias religiosas se emplea como elemento purificador y canal de comunicación con lo divino.

A nivel formal, el cuerpo de los incensarios consta de una base en la que se quema el incienso y una tapa, generalmente ornamentada con motivos calados por los que sale el humo y entra el aire. De esta sección parte el manípulo, del que cuelgan las cadenas que permiten balancear el instrumento en ciertos momentos de oración o de la misa para esparcir el humo aromático por el recinto litúrgico. El ejemplar del Museo Santa Clara, de dimensiones medianas, cuenta con una abundante decoración vegetal. Esta misma decoración se repite en la cúpula o disco, segmento que recoge la cadenería del cuerpo del incensario.

Para investigadores como Alfredo Taullard estos detalles ayudan a datar esta pieza en el siglo XVIII debido al contraste que surge con otros ejemplares de fechas anteriores. Los incensarios realizados durante los siglos XVI y XVII presentan una mayor decoración de tipo arquitectónico expresada mediante formas de torres, columnatas, campanarios o galerías decorativas que conviertían a estos objetos en edificios en miniatura.