Santa Catalina de Bolonia

Gaspar de Figueroa (atribuido)

Óleo sobre madera

19 x 13 cm

Siglo XVII


Catalina de Bolonia (1413-1463) nació en Ferrara, Italia, en el seno de una de las familias más importantes de la corte de los Este: los Vigri. Por su cuna Catalina fue desde tierna edad dama de compañía de la princesa Margarita de Este. Alrededor del año de 1420 inició su vida monástica, cuando entró como novicia al convento dominico del Corpus Domini, en su ciudad natal. En 1453, se trasladó a la ciudad de Bolonia, donde fundó el convento clariano del Corpus Domini, del que fue abadesa hasta el año de su muerte. La santa fue reconocida como una de las grandes autoras franciscanas del Renacimiento. La mayor parte de su pensamiento está expuesto en Le Sette Armi Spirituali (Las siete armas espirituales) obra compuesta entre 1438 y 1456. Este texto, que servía como guía de estudio a las novicias italianas, resume las visiones místicas de la santa y, mediante una narración alegórica, explica cuáles son las armas necesarias para combatir los vicios que pueden aparecer en la vida de una monja.

Su hagiografía Lo Specchio di Illuminazione (El espejo de la iluminación), escrita por sor Illuminata Bembo, explica cómo la santa fue muy afecta a la figura de Cristo, pues según ella esta imagen y sus diferentes símbolos eran los únicos sujetos dignos de adoración, veneración y estudio. Esta razón explica por qué en algunas de sus representaciones destaca una cruz, que la santa de Bolonia sostiene como símbolo de devoción a Jesús.

Por lo general, las representaciones de esta santa la muestran con los hábitos franciscanos y la vestimenta de abadesa. En algunos casos, la monja italiana puede llevar en brazos al Niño Jesús, atributo que alude a la visión mística que tuvo Catalina en una Nochebuena, en la que la Virgen se le apareció y le entregó a su Hijo. En otros casos, se la representa acompañada de san José o con un fuego que sale de su pecho. En otras iconografías suyas, como en el caso de este óleo presente en el Museo Santa Clara, se la observa abrazando una cruz y acompañada por un ángel.

La presencia de la santa en el antiguo templo de las clarisas se debe a que su figura fue entendida como un modelo ejemplar para la rama femenina de la Orden franciscana al resumir en su figura los valores  fundamentales de esta orden Es importante señalar que el proceso de beatificación de Catalina no se inició sino hasta el siglo XVII y continuó hasta la centuria siguiente, lo que ayuda a entender por qué su figura se extendió a lo largo de estos siglos en la América colonial.