Retrato de dama

Anónimo
Óleo sobre tela
100 x 75 cm
Siglo XVII


El género del retrato cortesano tuvo su origen en la Europa del siglo XV y alcanzó gran desarrollo durante los siglos XVI y XVII. Este tipo de retratos se configuraron como un medio informativo en el que mediante la imagen y presencia de diversos símbolos se comunicaba el poder, riqueza, sabiduría, y otras cualidades del retratado. Esto llevó a una tensión entre el afán de representar al personaje tal como era, y su idealización.

Dependiendo del público y lugar que ocuparía la imagen, su mensaje asumiría características que lo hicieran claro, entendible; además, el retratado debía poder identificarse con facilidad. Para empezar, un elemento de gran importancia en este tipo de imágenes es el uso de ciertos formatos. La elección de un busto, perfil, tres cuartos o cuerpo entero transmite diferentes mensajes. Así, en las medallas se utilizaba el busto para crear una imagen conmemorativa, mientras que las imágenes de cuerpo entero eran utilizadas para representar la gloria y poder de los reyes.

La vestimenta también tenía gran importancia en estos retratos, pues indicaba en algunos casos el estamento al que se pertenecía o algún otro detalle determinante para entender la identidad del retratado. Un ejemplo de lo anterior se ve en la vestimenta de la figura retratada en este óleo del Museo Colonial, decorada en mangas y pecho con pequeñas perlas que forman entramados geométricos. Resalta en la indumentaria de esta dama la lechuguilla, cuello de color blanco que inicia en los hombros del vestido, y que da a entender que la mujer seguía la moda española, caracterizada desde el siglo XV, hasta muy entrado el siglo XVII, por el uso de esta prenda. Es necesario señalar que para los siglos XVI y XVII existieron una serie de legislaciones suntuarias en toda Europa que regulaban la manera de vestir de las personas según el escalafón que ocuparan en los estamentos sociales. Así, la ropa no era solo un elemento estético, sino uno cargado con un lenguaje político y social.

Otro ejemplo del uso del lenguaje simbólico dentro de este retrato es la presencia del perro en la parte inferior izquierda, que puede ser interpretado desde diferentes perspectivas. Por un lado, como símbolo de fidelidad o pureza, asociación constante que se hace con los perros de dimensiones pequeñas presentes en retratos femeninos; por otro, como símbolo alusivo a la nobleza, pues dependiendo de la raza a la que perteneciera el animal, este tenía un uso dentro de la corte. Por ejemplo, perros como los galgos estaban asociados a la caza como actividad cortesana.

Otro detalle de gran importancia dentro de los retratos cortesanos es la expresión facial. Para la cultura visual de estos siglos los rostros serenos y contenidos eran signo de espíritus tranquilos y racionales, es decir, de personas en control de sí mismas. Esta característica moral se asocia con las representaciones de cortesanos, pues ocupan los estamentos sociales más altos. Las descripciones anteriores nos permiten entender que la mujer representada pertenecía al mundo de la élite, pues su retrato de medio cuerpo es una forma para mostrar el poder económico y social que se ve complementado por la rica vestimenta suntuaria y el lenguaje gestual. Si bien podemos establecer algunos rasgos generales sobre el retrato, aún se continúa en la búsqueda de conocer la identidad de esta dama cortesana. Sabemos que la obra en cuestión ingresó a las colecciones del Museo Colonial en septiembre de 1961, mediante una compra hecha a la Librería Central con un valor de 1200 pesos colombianos de la época.