Francisca Ramírez Floriano y Maldonado de Mendoza

Anónimo

Óleo sobre tela

174 x 104 cm

Siglo XIX

 

El retrato es un género pictórico que busca poner de manifiesto la identidad de una persona a partir de características particulares, que pueden ser económicas, sociales o políticas. Lo anterior no significa que este tipo de imágenes sean siempre explícitas o claras; además, por diversos motivos, los espectadores pueden desconocer al retratado y los símbolos que lo acompañan.

Un ejemplo de esto puede apreciarse en esta pintura del siglo XIX, que a lo largo de los siglos XX y XXI recibió diferentes títulos. En 1925, cuando hacía parte de la colección de la Quinta de Bolívar, se identificó a la retratada como Teresa Mayorga de Olmos. Para 1956, momento en que ya se puede rastrear la pintura en los inventarios del Museo Colonial, pasó a catalogarse como el retrato de una Dama desconocida, título que cambió a finales de la centuria pasada, cuando se identificó a la dama como María Pardo Velázquez Dasmariñas. Recientemente, y gracias a investigaciones históricas, se le ha asignado a este retrato un nuevo título, identificando a la representada como Francisca Ramírez Floriano y Maldonado de Mendoza, una de las mujeres más importantes de la Santafé del siglo XVII.

Lo que une todas estas atribuciones es que estas mujeres, gracias a sus linajes familiares, estuvieron relacionadas con los Beltrán de Caycedo y los Maldonado de Mendoza, dos de las familias más acaudaladas de la época colonial. Según la atribución más reciente, la retratada doña Francisca representa la unión de las dos familias, consumada esta, no solamente en términos maritales, sino también en lo concerniente a la posesión de tierras, pues fue gracias al matrimonio entre Francisca Ramírez Floriano y Francisco Félix Beltrán de Caycedo que la valiosa hacienda de El Novillero —cuya extensión abarcaba la encomienda de Bogotá, Funza, Serrezuela, Mosquera, Canoas y otras zonas adyacentes— pasó a ser de la propiedad de la familia Beltrán de Caycedo y de sus descendientes.

Formalmente es posible identificar las fuentes que sirvieron de base para esta composición pictórica: los retratos de los miembros de la dinastía Habsburgo, especialmente los realizados a la reina Mariana de Austria (1634-1696). Así, el tocado y parte del vestido de la retratada se inspiran en un óleo de Diego Velázquez titulado Mariana de Austria y que pertenece a la colección del Museo del Prado (https://www.museodelprado.es/coleccion/obra-de-arte/la-reina-doa-mariana-de-austria/1a32172a-5ffd-4da2-9df4-998f99f6176e). Es importante señalar que durante mucho tiempo el uso de los modelos del retrato real estuvo sujeto a una estricta supervisión, pues sus atributos, al asociarse a la imagen del poder, solo podían emplearse para representar a los miembros de la familia real. Tales restricciones estuvieron vigentes a lo largo del siglo XVII, para luego desaparecer.

Así, pues, es posible que el modelo que sirvió de base al retrato de doña Francisca se obtuviera a partir de fuentes grabadas del siglo XIX, momento en el que las restricciones antes impuestas a este esquema de representación, ya no aplicaban. Para esta época, la familia Lozano, heredera de los Beltrán de Caycedo, perdió el derecho a sus tierras que se vieron así fragmentadas entre más de diez herederos. Este hecho, así como el temor a perder el prestigio familiar, llevaron a apelar al pasado colonial y a los ancestros que fundaron la hacienda El Novillero y cimentaron el poder familiar, razón por la cual se encargarían una serie de retratos, entre los que figuraría también el de la mujer aquí retratada.