Última modificación realizada el 09/09/2020 18:06 por Juan Camilo Cárdenas Urrego

Torre de santa Bárbara

Anónimo

Plata martillada, repujada, cincelada y calada con apliques en fundición

26 x 9 x 9 cm

Siglo XVIII

 

Esta pieza es un ejemplo del uso que durante el siglo XVIII se dio a la plata en el adorno de las imágenes devocionales. Durante esta centuria, y a lo largo del periodo colonial, se labraron coronas, aureolas, resplandores y otras piezas destinadas al ornamento de pinturas y esculturas de María, Jesús, santos y santas. Tales elementos no solo permitían realzar la divinidad de los personajes; su factura permitía demostrar cierta forma de ostentación por parte de quienes comisionaban estas piezas. Al ser la plata uno de los materiales más valiosos tanto simbólica como económicamente, quien encargaba este tipo de obras mostraba su devoción a ciertas figuras santas al tiempo que demostraba amplia capacidad económica.

Esta torre de estilo renacentista se divide en tres secciones superpuestas la una a la otra. En la inferior se observan cuatro arcos de medio punto que rematan en una baranda calada con decoraciones de flor de lis; unos pequeños remates dispuestos en las cuatro esquinas de la baranda completan la ornamentación de la misma. En la cara frontal de la sección intermedia, vemos tres ventanas y un par de querubines; las tres caras restantes de esta sección se ornamentan con unos arcos cincelados; al interior de dos de ellos se observan unas figuras fundidas que representan a la Virgen María, reconocible por sus manos en posición orante. Constituye la última sección una cúpula decorada con arabescos, rodeada por una crestería con motivos florales y un remate en cada esquina. La figura de un pequeño putto que sostiene lo que podría ser un arco se levanta sobre el centro de la cúpula. En la base de esta pieza se encuentra una incisura cuadrada. A partir de este rasgo es posible presuponer que este elemento acompañaba alguna escultura de santa Bárbara, cuyo atributo principal es una torre con tres ventanas.

Según diversas leyendas de su vida, santa Bárbara, princesa del siglo III e. c. de la ciudad de Nicomedia, en la actual Turquía, fue encerrada en una torre por su padre pagano tras enterarse este de la conversión de su hija a la fe cristiana. En la edificación había dos ventanas, a las que la santa añadió una tercera, para de esta manera representar a la Trinidad y demostrar su devoción a esta creencia. Por este motivo, la torre en plata conserva las tres ventanas que mencionan diversas fuentes hagiográficas. Ahora bien, en otras variantes de las leyendas sobre la vida de esta santa, es ella misma quien se recluye en la torre, para así cumplir su voto de castidad.